Bueno,
chic@s, aprovechando que entro nuevo al blog y recordando una interesantísima conversación que tuve con alguienes last night os voy a contar una historieta (supuestamente verídica, jaja) de la mitología griega.
El príncipe de Tesalia, de nombre Protesilao se había desposado con su joven y bella hermosa que se llamaba Laodamia. El apolíneo joven estaba había sido excepcionalmente bien dotado por el dios Príapo y era un aclamado gran amante.
Lamentablemente, en breve tras sus nupcias fue reclutado en la leva para combatir en la guerra de Troya.
Para combatir la larga ausencia y acostumbrada como estaba Laodamia a tener ración de diaria de Ukelele, mandó construir una figura de madera con la forma, dimensiones y anatomía adecuada que fuese igual que se marido, es decir, como el cipote que a partir de ahora va a disfrutar Elenón. La susodicha Laodamia, emputecida como estaba con el vigor del joven amante, dale que te pego día si día también con el muñeco (no hinchable. Hemos dicho que era de madera. Espero que pulida y sin polillas)
El oráculo de Delfos (que antes era como "Aquí hay tomate") había vaticinado que el primero que desembarcase en las playas troyanas moriría a manos de Héctor (el George Clooney de la época). Así ocurrió, puso el pie en la playa y su vida fue sesgada por el belígero hijo de Príamo, rey de los troyanos.
La noticia pronto llegó a Tesalia. Al recibirla, Laodamia, deseperada ante la incapacidad de volver a disfrutar nunca jamás de la dotación y culeo de su amado, destrozó (no sabemos si fue a base de yoyas o por un uso exacerbado y demencial) el dummy maderil y pidió a los dioses,entre llantos inextinguibles que lo volviesen a la vida sólo durante unas horas par gozar de él antes de que partiese definitivamente al reino de Plutón.
Zeus se compadeció de sus súplicas y se lo devolvió con su virilidad intacta durante varias horas. Ella, obviamente no estaba para perder el tiempo y las utilizó para profundizar en las artes amatorias, con un ahínco tan excesivo, que cuenta la leyenda que a las tres horas de uso del matrimonio, murió de placer.
Otra rama de la leyenda dice que fue una sesión tan inimitable que pasadas las tres horas reventó otra vez al consorte y ella se suicidó.
De cualquier manera la moraleja sería que: "hay que cuidarse. Las cosas están ahí y tienen que durar mucho tiempo".
La historia es una de mis favoritas.
He dicho.
Hala, a afrontar de nuevo la semana. !Riau riau!